MOVIMIENTOS MIGRATORIOS EN EL PERÚ
Las
migraciones internas constituyen procesos sociales que tienen un carácter
histórico estructural, las mismas que adquieren características significativas
por su intensidad a partir de la década del 50, contribuyendo a acelerar el
proceso de urbanización y litorización en el Perú, con el crecimiento inicial
de las ciudades de la costa, posteriormente algunas ciudades de la sierra y más
recientemente, otras menores que abren un proceso de selvatización,
urbano-rural.
CONDICIONANTES ECONÓMICO-SOCIALES ASOCIADOS
En
la década del 80, a la escasez de tierras de cultivo, la concentración de la
propiedad, el predominio de tierras de secano, la presión demográfica sobre la
tierra, la falta de apoyo técnico y crediticio, además de oportunidades de
empleo, educación y recreación, como condicionantes de la migración, se añade
un nuevo elemento: la espiral de violencia, índole a la migración interna un
carácter compulsivo y masivo. La violencia terrorista se focalizó en la sierra
central del país. Se estima que aproximadamente 200 mil familias (alrededor de
1 millón de personas) han sido desplazadas por la violencia entre 1980 y 1992.
Los 5 primeros años de la década del 80, los atentados violentistas estuvieron
focalizados principalmente en el departamento de Ayacucho y en menor medida
Junín, Huancavelica, Cusco, Arequipa y Apurímac.
CAMBIOS EN LA COMPOSICIÓN URBANO-RURAL
La
población de las ciudades evidencia un rápido crecimiento. Se advierte la
presencia de 32 ciudades que en 1940 representaban más del 18% de la población
nacional y en 1993, superan el 50%. Es decir, más de la mitad de la población
del país se distribuye en apenas 32 localidades urbanas.
Para
1940, sólo una ciudad con más de 100 mil hab., albergaba al 10% de la población
del país. Para 1993, existen 17 ciudades con más de 100,000 hab. que concentran
más del 45 por ciento de la población del país. En este contexto, la
participación de Lima Metropolitana evoluciona del 10 por ciento en 1940 a
cerca del 29 por ciento en 1993, es decir, casi, uno de cada tres peruanos vive
en la capital de la República. Esta concentración de población tiene que ver
con la débil existencia de ciudades secundarias.
LA REDISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LA
POBLACIÓN EN EL PERÚ
La
distribución de la población según Regiones Naturales se ha transformado
significativamente en los últimos 50 años, como consecuencia de las migraciones
internas, generándose un doble y simultáneo proceso de litorización y
urbanización acelerado, o lo que es lo mismo una alta concentración de la
población en la Costa y en las principales ciudades del país. Siendo los más
importantes desplazamientos de población los rural urbanos y Sierra-Costa,
puede advertirse en estas dos últimas décadas una moderada reorientación de los
movimientos migratorios hacia la Región de la Selva, especialmente a su parte
alta. Por el interés que adquieren estos últimos desplazamientos podría
hablarse de un proceso de selvatización, que incluye no sólo el poblamiento de
las principales ciudades, sino también de las áreas rurales.
La
Región de la Costa, principal receptor de los flujos migratorios andinos,
concentra la mayor población. Entre 1940 y 1993 eleva su participación del 28
al 52 por ciento de la población total del país. La Costa es una estrecha
franja de cerca de 130,000 km2 donde residen más de 15'500,000 habitantes
generando una densidad de 120 personas por km2. Esta región posee las ciudades
m s importantes del país, las tierras m s ricas, casi en su totalidad
irrigadas, permitiendo desarrollar una agricultura de alta productividad
(algodón, azúcar, arroz). La tasa de crecimiento demográfica entre 1981 y 1993
es de 2.6 por ciento. Contiene además el conglomerado urbano más importante del
país: El Área Metropolitana de Lima y Callao con una población 10 veces mayor
respecto al año 1940.
La
Selva, a partir de 1,940 comienza a crecer significativamente. En ese año
representaba cerca del 7% de la población nacional; en 1,972 aumenta al 10%,
llegando en 1993 al 12.1%. Su dinámica demográfica se expresa también en tasas
de crecimiento, muy superiores a las del país y en evidente detrimento de la
región serrana. La Selva tiene dos subregiones: Alta y Baja, que es la más
extensa. Hasta 1961 la Selva baja tenía una población superior. En 1972, la
población de la Selva Alta es mayor, tendencia que se acentúa entre 1981-1993,
con una tasa de crecimiento que alcanza a 3.5 por ciento mientras que la selva
Baja llega a 3.1 por ciento.


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